Alegato
Relato para una tarde de sábado soleada.
Mis intenciones siempre fueron buenas. Sólo quería ser amado y cuidado, el noble deseo de compartir la vida con la persona amada. Ser una sola alma. Yo viviría para hacerla feliz, para sacar una sonrisa de su tierna boca y ella, a su vez, procuraría mi felicidad. Pasaríamos juntos los años viendo pasar lentamente las estaciones. Envejeceríamos unidos por nuestro amor, cuidándonos mutuamente los achaques. Moriríamos juntos y felices.
Por eso tuve que secuestrarla y llevarla amordazada hasta mi cabaña. Por eso me vi obligado a golpearla para que me dijera que me quería para siempre. Por eso la maté al descubrir que mentía. Ya nunca podré amar a nadie. Mis intenciones siempre fueron buenas.






