Padre Black & Decker


Esta valiente chorrada viene a confirmar lo que todos, o al menos muchos, sospechabais:
Estáis avisados. Hala, a echarse unas risas (cuando toque).
Actualización:

Hecho con una curiosa aplicación de flickr. Introduces una palabra y te hace una composición con todas las letras volcadas en flickr.
Estuve hace relativamente poco en Trujillo (ciudad sin ley). Ciudad trimilenaria y abierta al mundo, como reza su página web, pero llena de pintadas de gente con un carácter muy Franco. Entre tanta pintada me hizo gracia la siguiente, toda una declaración de principios:

A través de los barrotes de mi celda puedo ver la horca en el centro de la plaza. Cuando salga el sol dentro de unos minutos, moriré colgado, condenado por alta traición.
El terror que me invade me impide recordar con claridad por qué empecé a pasar información al otro bando. Quiero pensar que fue por dinero, pero me temo que fue por vanidad, por creerme alguien decisivo en el conflicto.
A medida que va clareando el cielo se me hace más difícil ordenar mis ideas, los recuerdos se mezclan y el caos se apodera de mi mente. Lo que más me preocupa es morir solo, o lo que es peor, morir rodeado de caras desconocidas, impasibles. Noto que se me humedecen los ojos de desesperación.
Justo al aparecer el sol en el horizonte, aparecen en la puerta tres hombres: dos guardias y un cura. Al posar mi mirada sobre el cura, un grito de odio explota en la celda. Está saliendo de mi boca. Reconozco al cura. Es mi hermano, mi delator.